La inapetencia sexual crece por la ansiedad y la incomunicación.

Vivir estresado pasa factura en todos los ámbitos, también entre las sábanas: las parejas tienen menos relaciones sexuales y de menor calidad. «La ansiedad y el cansancio, pero también la pereza y la incomunicación verbal y no verbal, están rebajando el interés sexual de las parejas», explica la sexóloga Francisca Molero, vicepresidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS) y codirectora del Institut de Sexología de Barcelona.

La inapetencia sexual crece por la ansiedad y la incomunicación. - PsicoÓptima

Según un estudio realizado para el barómetro Aquilea Vigor, sobre la calidad sexual de las parejas en España, «el 30% de las parejas estables afirman tener relaciones sexuales con poca frecuencia y el 3% aseguran que ya ni las tiene». El problema de la inapetencia sexual, además de suponer «un significativo desencadenante del distanciamiento emocional y la ruptura de parejas» -apunta la doctora Molero-, en muchos casos puede también estar ocultando otro tipo de disfunciones.

Entre las más frecuentes, en el caso de los hombres, está la disfunción eréctil, la dificultad persistente y recurrente para mantener una erección satisfactoria. A cerca del 52% de los hombres de entre 40 y 70 años les sucede, según datos de la Asociación Española de Andrología, Medicina Sexual y Reproductiva. Problemas físicos, derivados de enfermedades o tratamientos farmacológicos, pero también problemas emocionales pueden causar la disfunción eréctil. «Son grupos de riesgo, más propensos a sufrirla, los diabéticos, los fumadores, los hipertensos y los obesos, que pueden cursar la disfunción en muchos niveles diferentes», detalla el andrólogo Enrique Fabián, miembro del Centro de Infertilidad y Reproducción Humana (CIRH).

INHIBIDORES COMO LA VIAGRA / «En el 50% de los casos, la falta de rigidez del pene tiene que ver con causas físicas. El otro 50% involucra a la psique», declara Fabián. «En situaciones de estrés se libera adrenalina, que tiene una acción vasoconstrictora, cuando el pene lo que necesita es la vasodilatación de las arterias para llenarlas de sangre y alcanzar así la rigidez del miembro sexual. El miedo al fracaso en la relación íntima y la angustia también obstaculizan la vasodilatación que se precisa», añade el andrólogo.

El principal tratamiento de la disfunción eréctil se realiza con inhibidores de la enzima que regula el flujo de sangre en el pene, como la Viagra, en cuya efectividad -advierte el doctor Fabián- tiene mucha fuerza el componente psicológico. «Yo tenía un paciente de 60 años, viudo, emparejado con una cubana de 30 años que vino a la consulta con problemas de erección. No detecté nada físico y le receté Viagra y quedó encantado. Pero ya hace tiempo que solo viene a buscar la receta cuando le caduca, pero no se la toma. Como el estudiante que prepara una chuleta pero que luego no precisa consultarla. Tenerla ya le aporta la seguridad que necesita», compara el especialista.

Según el estudio EDEM (Epidemiología de la Disfunción Eréctil Masculina), esta afecta en España en torno al 8% de los varones de entre 25 y 39 años y a casi la mitad de los hombres de 60 a 70 años. Según los profesionales que realizan dicho estudio, «la disfunción eréctil siempre es patológica, independientemente de la edad del paciente, y requiere un diagnóstico correcto para llevar a cabo el tratamiento idóneo en cada caso».

La eyaculación precoz es otra de las disfunciones más frecuentes entre los hombres. Según datos de la OMS, afecta a entre el 25% y el 40% de los hombres en algún momento de su vida. «Pero también en los hombres están aumentando los problemas de bajo deseo sexual», advierte la sexóloga Francisca Molero, que es también directora del Instituto Iberoamericano de Sexología. «En las mujeres, el bajo deseo sexual y los trastornos relacionados con el dolor -vaginismo y dispareunia (dolor en la penetración)-, seguidos de la dificultad o ausencia de orgasmo, son las disfunciones sexuales más frecuentes», detalla la doctora. «El 45% de las mujeres manifiestan tener algún problema sexual a lo largo de la vida y la suma de disfunciones sexuales como tales -es decir, contemplando que el problema dura más de seis meses, produce angustia personal a la mujer que la padece e interfiere de forma negativa en sus relaciones interpersonales- podría rondar el 20% de la población», añade la experta en sexología.

El abordaje de las problemáticas de tipología sexual -según Francisca Molero- siempre conviene que se haga «de manera integral», teniendo en cuenta los componentes biológicos, psicológicos y sociales. Y si es preciso, la terapia sexual se apoya en algún fármaco para que sea más eficaz.

Entre los productos naturales y farmacológicos que ayudan en cada tipología de disfunción, «en el mundo femenino están los que aportan energía y mejoran el estado de ánimo, ya que la pereza, el cansancio y la tristeza son determinantes. Los estrógenos locales ayudan a mejorar la atrofia vaginal en mujeres menopáusicas», afirma la especialista. «En las disfunciones masculinas, los de uso más común son los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 para la disfunción eréctil y la dapoxetina para la eyaculación precoz», concluye la sexóloga.

Blanca Isabel Soria Arranz

Sexóloga

Fuente: http://www.elperiodico.com/es/noticias/sanidad/inapetencia-sexual-crece-por-ansiedad-incomunicacion-3983758

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